Orgullosos de
sus asombrosas Montañas Rocosas, sus infinitas pistas de ski, sus sorprendentes
paisajes al trasluz, sus bellos atardeceres y sus cielos uniformemente azules,
despejados, la mayor parte del año, los habitantes de la capital del estado de
Colorado reciben al turista de forma maravillosa ya desde su llegada al moderno
aeropuerto en forma de cordillera desigual.
Eso sí, la
mayoría quizás no sea consciente de lo que la ciudad ofrece a ojos del buen
observador, de qué forma deleita al joven e inquieto visitante con pequeños
pero apreciables detalles, al sibarita, al artista, al músico, al otro
arquitecto, al transgresor, al curioso, al diferente, pinceladas de modernidad
y frescura que la convierten en una joya por descubrir y vivir, más allá de
todo lo que su privilegiado entorno natural puede brindar.